FILOLOGÍA
Exactamente. El uso preciso y consciente de las palabras, sobre todo en oratoria y relaciones humanas, amplía el alcance del mensaje y lo vuelve más comunicativo, entendible y convincente:
- Claridad. Una palabra bien elegida evita malentendidos y ambigüedades, comunicando la idea sin rodeos.
- Riqueza expresiva. El vocabulario adecuado permite matizar y abarcar más dimensiones de un mismo concepto.
- Autoridad. Un discurso con términos exactos genera e inspira más confianza y coherencia en un auditorio.
- Belleza y persuasión. La forma como se combinen las palabras puede informar, impactar, conmover, persuadir, inspirar y/o entretener más allá del simple contenido lógico y objetivo.
En suma, la filología nos recuerda que cada término lleva consigo una historia y un matiz. Aprovechar las palabras con cuidado ayuda a pensar más y mejor y convierte el lenguaje en una herramienta y palanca poderosa, más que para comunicar, para motivar y persuadir.
Dije
Veamos la palabra "perfecto" como caso de estudio.
IA
Bien. Descompongamos perfecto desde un punto de vista etimológico y morfológico:
Etimología de perfecto
- Del latín: perfectus.
- Es participio pasivo de perficere ("terminar, llevar a cabo, completar").
- Sus componentes:
- Prefijo: per- ("por completo, totalmente").
- Raíz: facere ("hacer").
- Sufijo: -tus (participio pasivo en latín).
- Sentido original: "completo, acabado, terminado".
Evolución semántica
- En el latín clásico, perfectus significaba "acabado, completo, concluido".
- En el castellano medieval mantuvo el sentido de "acabado, sin defecto".
- En español moderno se amplió hacia "excelente, sin error, ideal".
Análisis morfológico
- Prefijo: per- intensifica la acción, indica totalidad.
- Raíz: fac- (de facere, "hacer").
- Sufijo: -to (adaptación del participio del latín -tus).
Por tanto, perfecto significa literalmente: "hecho del todo", "completamente acabado".
Viéndolo de un modo equilibrado, la palabra perfecto muestra cómo un término técnico del idioma latín (participio pasivo de perficere) se transformó en un adjetivo cargado de valor cultural y filosófico.
Originalmente era neutral: simplemente algo terminado o completo. Con el tiempo adquirió un matiz valorativo: lo completo se asoció con lo ideal, con ningún defecto. Y hoy oscila entre lo que es objetivo ("acabado, terminado") y subjetivo ("excelente, ideal").
Dije
¿Es la filología tan estricta que condene el uso no académico de las palabras o expresiones en el habla coloquial?
IA
La filología, como disciplina, no condena el uso no académico de las palabras. Más bien lo describe, analiza y contextualiza.
Objeto de estudio
La filología se ocupa de la historia, evolución y uso de la lengua, tanto en textos cultos y académicos como en expresiones populares o vulgares.
Actitud científica
Su objetivo es observar y explicar cómo se emplean las palabras, no juzgar su uso desde un punto de vista moral.
Norma vs. uso
Distingue entre la norma académica (lo que se considera correcto en un registro formal) y el uso real (el habla de la gente en la vida cotidiana).
Estrictez relativa
En el ámbito académico
Tiene que ser estricta, porque busca precisión terminológica y fidelidad histórica. Ejemplo: aclarar que per- en perfecto es un prefijo, no una raíz.
En el ámbito coloquial
Pero reconoce que las lenguas evolucionan y cambian, y que las personas adaptan los términos. No se condena, pero se registra como inherente a la evolución lingüística.
Conclusión
No se debe pensar que la filología es como un tribunal que sanciona. Se trata de una ciencia descriptiva que intenta comprender cómo las palabras se transforman, relacionan y significan según los distintos contextos:
En un aula de clases o en un tratado se exige más que en la vida cotidiana, pero en todo caso se debe comprender la flexibilidad del habla, porque de la variedad se nutre el estudio filológico.
La filología es estricta, es cierto, cuando se busca precisión académica, pero de ninguna manera condena el uso coloquial. Al contrario, lo valora como testimonio vivo de la lengua.

